Juan T H // La Tregua
A propósito de mi artículo “si no se van ellos, nos vamos nosotros”, recibí muchos correos electrónicos de ciudadanos preocupados por el deterioro moral por el que atraviesa el país. Uno de los lectores me envió un pasaje de la novela “La Tregua” del escritor uruguayo Mario Benedetti, fallecido hace poco. Esta obra, ubicada en Montevideo en el año 1960, fue traducida a muchos idiomas, se hizo una película que alcanzó gran notoriedad. Más recientemente (2002) en México se hizo otra adaptación de esta novela que nos lleva a reflexiones profundas.
José Paniagua extrajo estos párrafos de La Tregua: “¿Usted ve alguna salida? Lo que es yo, por mi parte, no la veo. Hay gente que entiende lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. “Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como éste. “Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. “Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa”.
“Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día que sientas asco de tu propia pasividad, ese día te convertirás en algo útil”.
La pasividad de los dominicanos resulta espantosa. Produce asco. No reaccionamos ante tantos desaciertos, ante tantos desafueros, anta tanta indelicadezas, ante tantos atropellos, ante tantos abusos. El gobierno no le da tregua al pueblo. Un escándalo de corrupción sustituye al otro. Pero nadie es sometido a la justicia, ni va a la cárcel. Impunidad total. Sufrimos apagones de 12, 14 y hasta 18 horas todos los días. Hay poblaciones donde la energía eléctrica se va por varios días. Y cuando llega la gente aplaude, como si le estuvieran haciendo un favor. ¡Increíble! Tanta indiferencia, tanto “a mí que me importa”, tanta indiferencia colectiva.
La República Dominicana es un gran punto de drogas. El narcotráfico ha tomado el país. El lavado de dinero sucio significa más de mil millones de dólares todos los años. La complicidad oficial es tan grande que uno de los abogados más influyentes en el gobierno, con varios cargos importantes, es defensor de uno de los principales acusados de lavado de activo. A pocos les pareció inmoral. A pocos les produjo asco y vergüenza.
Asesinatos, robos, asaltos, secuestros, etc. La violencia y la delincuencia han ganado las calles. Y nada sucede. Es como si no pasara nada. Caminamos todos en medio del fango como si fuéramos cerdos acostumbrados a la pocilga, al estiércol. Los dirigentes políticos, los que prometen liberación y emancipación, los que hablan de derechos, los que dicen proteger el patrimonio material y moral de este pueblo, junto a los llamados líderes espirituales y líderes de opinión tienen la mayor cuota de responsabilidad en todo este desorden en que vivimos. Sobre ellos tendrá que caer el peso de la historia.
Yo espero que esté cerca el día en que sintamos asco de nuestra pasividad, porque ese día, como dice Benedetti, nos convertiremos “en algo útil”. Si el gobierno no nos da tregua, no le demos nosotros tregua al gobierno. Terminemos con esta pasividad, con esta sordera, con esta ceguera y con esta mudez que están matando la nación. ¡Pensemos en nuestras familias!
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